COMPRA LA NOVELA
J.R. Güemes

Fantasía épica y oscura

Inspirado en mitología celta y nórdica

Belard y Midi hablan por primera vez

El siguiente fragmento pertenece a el capítulo 10 de El Despertar de la Llama Azul. Se trata de la primera conversación entre Belard y Midi.

[…]

Me quedé sentado a la entrada de su casa, viendo el sol a través de los árboles ocultarse entre los montes, sintiendo el viento soplar y a mi tobillo hincharse. La que llegó no fue Valis, sino la chica que me había estado viendo, la hada del bosque, como se me ocurrió llamarle. Se quedó frente a mí, sin decir nada.

Parecía joven como yo, pero algo en su semblante me hizo pensar que era muy inteligente; sus ojos claros eran penetrantes, sus rasgos eran finos, el pelo era rubio y largo, y su complexión delgada. Su ropa consistía en un vestido azul, sobre un camisón blanco.

—¿Sabes en dónde está Valis? —pregunté porque no decía nada—. Me lastimé el tobillo.

—Valis ha partido al bosque y no regresa hasta mañana.

—¿Al bosque? ¿Y qué ha ido a hacer hasta mañana?

—Recolectar raíces, flores… y escuchar a Nertiri.

—¿«Escuchar a Nertiri»?

—Sí —respondió como si fuera lo más normal—. Vamos, yo sanaré tu tobillo.

Abrió la puerta e ingresó a la casa de Valis como si nada. Me quedé en la entrada, apoyando solo un pie. La chica miró hacia atrás.

—¿Qué esperas?

No apartó la mirada hasta que estuve cerca. Me hizo sentar en una mesa alta, quitarme la bota y subir el pie; después me pidió que lo moviera hasta donde pudiera, que era muy poco, y palpó la hinchazón. Mantenía el labio fruncido por la concentración y los ojos, grises claro con un poco de violeta, a veces se encontraban con los míos.

—¿Qué sabes de sanación?

—Mi mova y Valis me han enseñado algunas cosas —respondió.

Me dio la espalda, abrió varios frascos que allí había y comenzó a poner raíces en un cuenco.

—¿Te encargas de la sanación cuando Valis no está?

—Algunas veces, otras lo hacen Kalevi o mi mova. En realidad, ayudo a todos en Zadirfa y aprendo de ellos.

—¿Quién…?

Me calló con un ruido, sin malicia ni impaciencia. Concentrada, agregó contando algunas gotas de no sé qué, molió todo con una piedra y untó pacientemente en todo el tobillo la mezcla, para después vendarlo con una tela.

—Intenta apoyarlo —me pidió, ayudándome a levantarme—. ¿Puedes hacerlo? —asentí y me puse la bota con cuidado—. Vale, si lo sientes bien puedes caminar, pero no te mantengas de pie. Si lo descansas mañana estará mejor y si no haces nada que te lastime lo tendrás como nuevo antes de la luna de Seglizen. Oh, espera… —remojó un paño, acercó sus manos a mi rostro, esperó a que asintiera y limpió mi herida junto a la ceja. Estando tan cerca, vi sus ojos de un tono un poco más oscuro que antes—. ¿Quieres que te ponga algo también para el brazo?

Recordé el raspón, que resaltaba por mi camisa rota, pero no dolía. Negué con la cabeza y ella asintió.

—También si lo necesitas puedo ayudarte a coser eso. ¿Cuál es tu nombre?

—Gracias. Mi nombre es Belard.

Mi respuesta la hizo reír con timidez.

—¿Qué?

—Ya lo sabía, los keragi y mi mova han hablado de ti. Quería escucharte decirlo.

—¿Qué han dicho? —pregunté con curiosidad.

—Les agrada tu nombre.

—¿En serio? ¿Sí saben que proviene de Blard-Foreront, de la Llama Azul?

—Justo por eso les agrada, tienes el nombre indicado.

—Pero la Llama Azul es la que el Desleal verá desde Geludom para encontrarnos, es la que nos provocará la destrucción —repuse.

—¿Crees que en eso estaban pensando cuando eligieron tu nombre? —lo consideré un segundo y negué con la cabeza—. Cuenta la leyenda que cuando el mundo se cubra de oscuridad, la Llama Azul será la única que podrá iluminar para restablecer la Armonía. No solo la verá el Desleal, la verá todo el mundo.

—¿Todo el mundo? Pero Ertudom fue la única tierra que no fue tragada por el mar.

—¿Estás seguro de eso? ¿Ya exploraste el mar para confirmarlo?

—Las leyendas lo dicen —respondí dubitativo.

—Exacto, las leyendas lo dicen —sonrió pícara, como si supiera un secreto que nadie más conocía.

No esperaba esa respuesta y no supe qué más decir.

—¿Y cuál es tu nombre? —pregunté tras un instante.

—Midi —dijo ampliando la sonrisa. Salimos de la casa de Valis y se comenzó a alejar—. Te veré después… Que la Llama Roja te guíe.


La novela se publica únicamente en formato físico en Noviembre de 2026. Para adquirir la obra y asistir a las presentaciones / firmas mantente atento al boletín semanal de J.R. Güemes que se envía a la bandeja de entrada de tu email.