La habilidad de Tallunt
13.06.2026
En las entrañas de las montañas, Tafont y Cobaden escondían un secreto de fuego. Este secreto jamás habría sido descubierto de no haber sido por el Elont, Tallunt. Se cuenta que antes de convertirse en «el que forja», Tallunt estaba obsesionado con una sola idea, el metal, un material solido como la roca y maleable como el agua que se acomoda a la forma de aquello que la contiene.
Le pidió a Tafont que le revelará cómo se le podía dar forma a las montañas, pero se mantuvo firme como suele ser y no dijo nada. Lo único que le pudo dar Cobaden fueron leyendas que no revelaban los secretos que pedía. Consultó a Fulkonter, pero la fuerza del fuego líquido era demasiada como para ser controlada y, antes de forjar algo, lo destruía.
Entonces recordó una leyenda que Cobaden le contó de Sont para iluminar su capa de luz. Así que Tallunt buscó al Onter, se dirigió a las tierras áridas del sur, hasta encontrar a «el que ilumina». Resistiendo la enorme fuerza y luz de su capa, le pidió que le revelara el secreto sobre el metal y Sont así lo hizo, porque sabía cosas del destino que los demás Dioses no sabían. Lo mandó de regreso con Tafont, con la orden de recibir de un martillo, y con Codaden para que le otorgara una cueva con suficiente espacio; Sont le indicó que necesitaría la ayuda de los hermanos Foreront y por fin le reveló cómo podía darle forma al metal a voluntad.
Tallunt hizo caso de las indicaciones de Sont, así como también Tafont y Cobaden. El metal abundaba en las montañas y el fuego ardía impetuoso cuando Tallunt lo encendió dentro de la cueva. Calentó el metal hasta que se puso al rojo vivo y comenzó a golpearlo con el martillo incesantemente. La frente del Elont se cubrió de sudor por el esfuerzo y el calor; sus brazos se hicieron anchos y sus manos se endurecieron con callos. Se cuenta que los martillazos sonaron sin parar, recordando a cuando Sont raspó el metal contra la roca para darle la luz a su capa.
Durante la Edad de los Primeros Días, Tallunt no cesó en su trabajo, hasta que se volvió un experto y no hubo ningún Dios más hábil que él. Le dio la forma y la dureza que quiso al metal; por eso fue conocido como «el que forja». Pasó demasiado tiempo en su cueva y cuando salió de ella, vio que el mundo se había cubierto de diversidad, que los hombres se habían multiplicado y que veneraban a los Dioses, pero a él no. Entonces se acercó con ellos y les mostró las maravillas que se podían hacer con el metal, así como lo mucho que los podía ayudar. Los instruyó en lo básico y se guardó muchos secretos, porque él es «el que forja» y estaba trazado en el destino que nadie lo podría igualar o superar en su habilidad. Tallunt logró su propósito, ser venerado por los herreros y los que gozaban de las ventajas que el metal les ofrecía.
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